martes, 8 de noviembre de 2016

Reflexión: Aguas Turbulentas: el encuentro entre le giro educativo en el arte.

Reflexión del texto: “Aguas turbulentas: el encuentro entre el giro educativo en el arte y el giro de la visualidad en la educación”




El texto hace una puntual introducción sobre aquellos saltos que ha dado el ámbito de la educación y el arte como articuladores que deben unirse para un fin dentro del quehacer pedagógico; con interés hacen énfasis en la cultura visual tan latente que se ha tejido desde el siglo XX y se potencia aún más en el siglo XXI.
La educación en la cultura visual, ha hecho una serie de modificaciones que son menester comprender desde los dos ejes que nos convocan en esta reflexión.
Las principales implicaciones que surgen en estos encuentros (denominados giros) para los educadores y los artistas se dividen en tres partes: las políticas, las metodologías y las existenciales.
Cuando nos referimos a las políticas “apuntan a las relaciones de equidad entre los participantes en los procesos de construcción de conocimiento” las metodológicas “favorecen procesos estéticos y poéticos en las formas de construir ese conocimiento” y las existenciales “revelan identidades en flujo entre el artista, el educador y el investigador, así como la del estudiante o investigador participante”.
Con este panorama clarificado, vale destacar el por qué el concepto de “giro” para hablar de estos dos elementos puntuales.
El giro para Thomas Mitchell se desarrolla a través de una mayor preocupación con las relaciones que se establecen entre los cuerpos y las imágenes, los medios y los contextos, así, queda claro, que los giros serán relacionados a una cultura visual contemporánea, como lo puntualiza Ranciére, y cómo ella se desenvuelve en los ámbitos artísticos y educativos, porque su quiebre histórico debe recrear métodos para ser estudiado en el aula.
                                                                                                                                           
Los estudios del fenómeno visual que se da con las tecnologías, que se presenta a la imagen como un símbolo vivo, lingüístico y además semiótico, pretenden analizar esas dinámicas que se dan en el aula a través de la censura del uso de dispositivos y ciertos contenidos que se afianzan en el cotidiano pero que el docente no es capaz de asimilar y explicar dentro de este espacio.
Claramente nos estamos refiriendo a los espacios de subjetividad que se dan con estas posturas, el giro educativo debe entonces afianzarse con el gesto artístico para poder llenar una idea de autonomía y estética valiosa en el quehacer pedagógico.

Según Pablo Helguera:

El acto de educar es un acto creativo, el acto de construir un ambiente de ideas artísticas es también una construcción de conocimiento. Y  lo más importante no es una comprensión del arte, sino la comprensión del mundo.”

Esta frase funciona para mí, como una base mi portante para entender, que el ser artista es una expresión de activismo social, y que la educación es una puerta a realizar cambios significativos en sociedades que necesitan ser formadas para salir a flote.
El concepto de “híbrido” es bien logrado, ya que se entiende por él a un artista-investigador-educador, donde en esta propuesta las metodologías de enseñanza deberían estar inscritas en los contextos donde se dan, incentivar al estudiante a manejar otros espacios trasversales, donde sus propias visualidades se alimentan en espacios fuera del aula (museos, galerías, centros culturales) y donde el rescate de diseños metodológicos latinos deben estar afianzado lo propio en el docente, artista investigador, tratando de dejar atrás los modelos europeos, que si lo pensamos detalladamente, cumple con la finalidad de su realidad, es decir, en el espacio que se dan, pero que al ser aplicados en otros espacios su efectividad puede variar, e incluso, no obtener los resultados deseados.

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