Reflexión del texto: “Aguas turbulentas: el encuentro entre el giro
educativo en el arte y el giro de la visualidad en la educación”
El texto hace una puntual introducción sobre aquellos saltos
que ha dado el ámbito de la educación y el arte como articuladores que deben
unirse para un fin dentro del quehacer pedagógico; con interés hacen énfasis en
la cultura visual tan latente que se ha tejido desde el siglo XX y se potencia
aún más en el siglo XXI.
La educación en la cultura visual, ha hecho una serie de
modificaciones que son menester comprender desde los dos ejes que nos convocan
en esta reflexión.
Las principales implicaciones que surgen en estos encuentros
(denominados giros) para los educadores y los artistas se dividen en tres
partes: las políticas, las metodologías y las existenciales.
Cuando nos referimos a las políticas “apuntan a las
relaciones de equidad entre los participantes en los procesos de construcción
de conocimiento” las metodológicas “favorecen procesos estéticos y poéticos en
las formas de construir ese conocimiento” y las existenciales “revelan
identidades en flujo entre el artista, el educador y el investigador, así como
la del estudiante o investigador participante”.
Con este panorama clarificado, vale destacar el por qué el
concepto de “giro” para hablar de estos dos elementos puntuales.
El giro para Thomas Mitchell se desarrolla a través de una
mayor preocupación con las relaciones que se establecen entre los cuerpos y las
imágenes, los medios y los contextos, así, queda claro, que los giros serán
relacionados a una cultura visual contemporánea, como lo puntualiza Ranciére, y
cómo ella se desenvuelve en los ámbitos artísticos y educativos, porque su
quiebre histórico debe recrear métodos para ser estudiado en el aula.
Los estudios del fenómeno visual que se da con las
tecnologías, que se presenta a la imagen como un símbolo vivo, lingüístico y
además semiótico, pretenden analizar esas dinámicas que se dan en el aula a
través de la censura del uso de dispositivos y ciertos contenidos que se
afianzan en el cotidiano pero que el docente no es capaz de asimilar y explicar
dentro de este espacio.
Claramente nos estamos refiriendo a los espacios de
subjetividad que se dan con estas posturas, el giro educativo debe entonces
afianzarse con el gesto artístico para poder llenar una idea de autonomía y
estética valiosa en el quehacer pedagógico.
Según Pablo Helguera:
El acto de educar es un acto
creativo, el acto de construir un ambiente de ideas artísticas es también una
construcción de conocimiento. Y lo más
importante no es una comprensión del arte, sino la comprensión del mundo.”
Esta frase funciona para mí, como una base mi portante para
entender, que el ser artista es una expresión de activismo social, y que la
educación es una puerta a realizar cambios significativos en sociedades que
necesitan ser formadas para salir a flote.
El concepto de “híbrido” es bien logrado, ya que se entiende
por él a un artista-investigador-educador, donde en esta propuesta las
metodologías de enseñanza deberían estar inscritas en los contextos donde se
dan, incentivar al estudiante a manejar otros espacios trasversales, donde sus
propias visualidades se alimentan en
espacios fuera del aula (museos, galerías, centros culturales) y donde el
rescate de diseños metodológicos latinos deben estar afianzado lo propio en el
docente, artista investigador, tratando de dejar atrás los modelos europeos,
que si lo pensamos detalladamente, cumple con la finalidad de su realidad, es
decir, en el espacio que se dan, pero que al ser aplicados en otros espacios su
efectividad puede variar, e incluso, no obtener los resultados deseados.
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