martes, 8 de noviembre de 2016

Reflexión: La postfotografía como fenómeno actual.

“La Era Ontológica de la Fotografía: Postfotografía”


Cuando aún resuenan multitud de ecos milenaristas, la masiva y veloz implantación de las tecnologías digitales ha contribuido a agudizar nuestra crisis existencial. Hemos pasado de la era mecánica a la electrónica, en un lapso tal vez insuficiente para poder asimilar tan trascendente cambio. (Pilar Gonzalo, 2015).

Para empezar a entablar este tema tan nuevo y “contemporáneo” que se nos presenta en una de las manifestaciones artísticas más notables como la fotografía, es menester entender su concepto puro e inicial, con el cual se formó como uno de los ejes del arte importantes y constructivos de contextos.

Para Joaquín Roldán, la fotografía es una construcción de la memoria visual, captura el tiempo y es el lenguaje fundamental de una cultura, desde su tecnicismo, permite la construcción de una imagen que da un concepto claro sobre las cosas a las que nos acercamos.
Tomado esta reflexión primera, donde la estética de la realidad es más profunda y creativa, nos enfrentaremos a una mutación que no es lejano ni se da como un proceso aislado en nuestra era.

Según Oscar Colorado:

Una vez pasada la primera mutación fotográfica fundamental, el tránsito de lo químico a lo digital, el internet se ha convertido en un medio ambiente que ha impulsado la acumulación, re-mezcla y circulación de la fotografía de una forma inimaginable.

Desde el proceso del daguerrotipo, como función inicial, la formas de trasgresión del mis o se consolidan con las vanguardias, donde se establece el quiebre de normas para darle espacio a una dimensión expresiva más ajustada a realidades ficcionales y de carácter crítico y constructivo.
El pensamiento visual, así logra una cúspide que le permite intentar nuevas facetas, sin embargo, la consolidación de la tecnología como medio accesible y masivo cambio todas las dinámicas anteriores y se hablará de una fotografía de modo electrónico en un entorno digital.

Los cambios para entender esta nueva forma de hacer, comunicar, difundir y entender la fotografía sufren un cambio abrupto, donde su ciclo anterior se siente en un tránsito inconcluso, efímero por su corta consolidación, no se ha cerrado esa etapa de interface con la realidad.
Los cuestionamientos alrededor de estas sugerencias son muchos, donde las miradas analíticas no se dan a esperar desde una perspectiva algunas veces melancólicas, con ello, intencionalmente me gustaría llamar a la charla a José Luis Brea, donde deja muy en claro que la época posmedial ha generado una terrible duda ontológica sobre la realidad orgánica del ser, la fotografía contemporánea simplemente se construye a partir de una simple reproducción automática del mundo, llevándola a una re-instalación ficcional.

La apertura del tema que nos convoca se hace con esta concepción de Brea, citando a Pilar Gonzalo habla de su entendimiento sobre la Postfotografía “a mi entender, la denominada Postfotografía, ejemplifica a la perfección el interesante momento de inflexión que está viviendo el arte y la sociedad” ¿A qué se refiere Pilar con esta tela de juicio? ¿A una etapa de consumismo absurdo donde lo efímero y banal se ponen de pie? ¿Dónde la memoria, la verdad y cierto criterio de realidad que utilizaba la fotografía ha venido desgastándose sin razón alguna?

La fotografía de hoy ya no juega con la dinámica de la contemplación, por sus características facilistas de hoy en día y el uso de los medios masivos de comunicación, redes sociales y demás, la educación óptica se basa en un fetichismo social consumista, inexpresivo ya afanado, así en un intento desolado por llenar características aisladas de seres que se entregan a una realidad virtual que nos les ofrece el mismo sentido valorativo de las cosas a su alrededor.

La imagen ya no se interroga en esta época, pasa como un constructo desechable, y si pensamos muy bien el acto ritual al cual los artistas se entregaron en su momento, deberíamos expresar que su papel ahora se hace más complicado, porque aquellas expectativas para considerar un arte expresivo de su quehacer se hace desde la entrega de una industria que diseñe potencialmente su imagen, o al contrario, un contenido visual más creativo y diciente.
El proceso creativo debe expandirse, valorarse a tal punto que desmienta aquellas paradojas de belleza o sutileza que se han generado en el mundo occidental, la noción de lo original debe regresar a su raíz, lo original se dará en esa mirada profunda y crítica de los contextos a los cuales se estudia y se analizan como escenario.

Estas dualidades donde la distorsión y lo exótico del quehacer fotográfico son exigentes, donde los seres con herramientas avanzadas que les da el uso de internet, permitiendo mostrarse al mundo y reafirmarse (estado de narcisismo) exponiendo claramente esa necesidad de aceptación que se aleja cada vez más por el consumo no controlado de redes que se capsulan como veracidades más aceptadas por la capacidad de reinventarse, de mover fibras diferentes en personas conocidas y las que no lo son. El nuevo mundo digital, se presenta como un facilitador para saciar aquellos sentimientos de ajenización y desilusión social.
Todo ello se inmerge en  aquellos profesionales fotográficos dejándolos en el desencanto total de su modo de ver el mundo, pero aun así, queda una leve liciente, donde podemos entender que no estamos hablando de un movimiento revolucionario, sino de un momento estático de saber, divulgado en el ser y estar en una parte donde se pierde la intimidad y donde la realidad ya no es un requisito implícito en la fotografía, sino que se habla de una instrumento que sirve de apoyo a soledades generadas en un mundo que va de prisa y no se siente consiente de reevaluar su tránsito en la utilización de las artes como medios comunicativos.




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