“La Era Ontológica de la Fotografía: Postfotografía”
Cuando aún resuenan multitud de
ecos milenaristas, la masiva y veloz implantación de las tecnologías digitales
ha contribuido a agudizar nuestra crisis existencial. Hemos pasado de la era
mecánica a la electrónica, en un lapso tal vez insuficiente para poder asimilar
tan trascendente cambio. (Pilar Gonzalo, 2015).
Para empezar a entablar este tema tan nuevo y “contemporáneo”
que se nos presenta en una de las manifestaciones artísticas más notables como
la fotografía, es menester entender su concepto puro e inicial, con el cual se
formó como uno de los ejes del arte importantes y constructivos de contextos.
Para Joaquín Roldán, la fotografía es una construcción de la
memoria visual, captura el tiempo y es el lenguaje fundamental de una cultura,
desde su tecnicismo, permite la construcción de una imagen que da un concepto
claro sobre las cosas a las que nos acercamos.
Tomado esta reflexión primera, donde la estética de la
realidad es más profunda y creativa, nos enfrentaremos a una mutación que no es
lejano ni se da como un proceso aislado en nuestra era.
Según Oscar Colorado:
Una vez pasada la primera
mutación fotográfica fundamental, el tránsito de lo químico a lo digital, el
internet se ha convertido en un medio ambiente que ha impulsado la acumulación,
re-mezcla y circulación de la fotografía de una forma inimaginable.
Desde el proceso del daguerrotipo, como función inicial, la
formas de trasgresión del mis o se consolidan con las vanguardias, donde se
establece el quiebre de normas para darle espacio a una dimensión expresiva más
ajustada a realidades ficcionales y de carácter crítico y constructivo.
El pensamiento visual, así logra una cúspide que le permite
intentar nuevas facetas, sin embargo, la consolidación de la tecnología como
medio accesible y masivo cambio todas las dinámicas anteriores y se hablará de
una fotografía de modo electrónico en un entorno digital.
Los cambios para entender esta nueva forma de hacer,
comunicar, difundir y entender la fotografía sufren un cambio abrupto, donde su
ciclo anterior se siente en un tránsito inconcluso, efímero por su corta
consolidación, no se ha cerrado esa etapa de interface con la realidad.
Los cuestionamientos alrededor de estas sugerencias son
muchos, donde las miradas analíticas no se dan a esperar desde una perspectiva
algunas veces melancólicas, con ello, intencionalmente me gustaría llamar a la
charla a José Luis Brea, donde deja muy en claro que la época posmedial ha
generado una terrible duda ontológica sobre la realidad orgánica del ser, la fotografía contemporánea simplemente se
construye a partir de una simple reproducción automática del mundo, llevándola
a una re-instalación ficcional.
La apertura del tema que nos convoca se hace con esta
concepción de Brea, citando a Pilar Gonzalo habla de su entendimiento sobre la
Postfotografía “a mi entender, la
denominada Postfotografía, ejemplifica a la perfección el interesante momento
de inflexión que está viviendo el arte y la sociedad” ¿A qué se refiere
Pilar con esta tela de juicio? ¿A una etapa de consumismo absurdo donde lo
efímero y banal se ponen de pie? ¿Dónde la memoria, la verdad y cierto criterio
de realidad que utilizaba la fotografía ha venido desgastándose sin razón
alguna?
La fotografía de hoy ya no juega con la dinámica de la
contemplación, por sus características facilistas de hoy en día y el uso de los
medios masivos de comunicación, redes sociales y demás, la educación óptica se
basa en un fetichismo social consumista, inexpresivo ya afanado, así en un
intento desolado por llenar características aisladas de seres que se entregan a
una realidad virtual que nos les ofrece el mismo sentido valorativo de las
cosas a su alrededor.
La imagen ya no se interroga en esta época, pasa como un
constructo desechable, y si pensamos muy bien el acto ritual al cual los
artistas se entregaron en su momento, deberíamos expresar que su papel ahora se
hace más complicado, porque aquellas expectativas para considerar un arte
expresivo de su quehacer se hace desde la entrega de una industria que diseñe
potencialmente su imagen, o al contrario, un contenido visual más creativo y
diciente.
El proceso creativo debe expandirse, valorarse a tal punto
que desmienta aquellas paradojas de belleza o sutileza que se han generado en
el mundo occidental, la noción de lo original debe regresar a su raíz, lo
original se dará en esa mirada profunda y crítica de los contextos a los cuales
se estudia y se analizan como escenario.
Estas dualidades donde la distorsión y lo exótico del
quehacer fotográfico son exigentes, donde los seres con herramientas avanzadas
que les da el uso de internet, permitiendo mostrarse al mundo y reafirmarse
(estado de narcisismo) exponiendo claramente esa necesidad de aceptación que se
aleja cada vez más por el consumo no controlado de redes que se capsulan como
veracidades más aceptadas por la capacidad de reinventarse, de mover fibras
diferentes en personas conocidas y las que no lo son. El nuevo mundo digital,
se presenta como un facilitador para saciar aquellos sentimientos de
ajenización y desilusión social.
Todo ello se inmerge en
aquellos profesionales fotográficos dejándolos en el desencanto total de
su modo de ver el mundo, pero aun así, queda una leve liciente, donde podemos
entender que no estamos hablando de un movimiento revolucionario, sino de un
momento estático de saber, divulgado en el ser y estar en una parte donde se
pierde la intimidad y donde la realidad ya no es un requisito implícito en la
fotografía, sino que se habla de una instrumento que sirve de apoyo a soledades
generadas en un mundo que va de prisa y no se siente consiente de reevaluar su
tránsito en la utilización de las artes como medios comunicativos.
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